Diego José Víctor Portales Palazuelos

(15 Junio 1793 - 6 Junio 1837)

Nacido en Santiago, hijo de María Encarnación Fernández de Palazuelos y de José Santiago Portales, se crió en una familia de 23 hermanos.

En 1808 a los 14 años había ingresado Colegio Carolino durante la época de la independencia, pero el espíritu revolucionario no inflama en su alma, a diferencia de lo que le ocurrió al resto de su familia.

En 1813, Pasó al recién instaurado el Instituto Nacional de Chile para estudiar leyes, pero abandonó sus estudios al cabo de un año.

En 1817 se recibe de ensayador luego de tomar algunas nociones de docimasia (arte de ensayar los minerales), trabajando en la Casa de Moneda, para poder ganar cierto sustento económico para casarse con su prima Josefa Portales Larraín, de la cual estaba profundamente enamorado.

Finalmente se casa con su prima, a la que llama “mi dulce Chepa”, el 15 de agosto de 1819, teniendo con ella dos hijas, muertas a corta edad. Por entonces se inicia en el comercio, pero aún conservando su trabajo en la Casa de Moneda.

En 1821 fallece su esposa, sintiendose destrozado abandona su trabajo y se dedicó únicamente a los negocios, trasladando el asiento de ellos al Perú, en sociedad con el comerciante don José Manuel Cea.

Pasado algún tiempo, se relacionó con Constanza Nordenflycht, madre de sus tres hijos.

La compañía que formo con Cea tuvo mucho éxito, y Portales la trasladó a Chile después de dos años, con el propósito de expandir los horizontes de sus especulaciones, y logró, en efecto, que la casa de Portales, Cea y Compañía fuera hacia 1824 una de las más destacadas en el comercio chileno.

La experiencia comercial de Portales no fue muy exitosa, pero le permitió ir ocupando algunos cargos en el Consulado - que era la asociación que agrupaba a los mercaderes- de Santiago, llegando a ser cónsul en 1823.

En 1824 Diego Portales y José Manuel Cea remataron el estanco del tabaco, naipes, licores extranjeros y té, es decir, el monopolio de internación y venta de estos productos. A cambio, su firma comercial se comprometía a cancelar anualmente los intereses y amortizar la deuda que el fisco había contraído en Londres -el empréstito de lrisarri-. El estanco fue rechazado por la opinión pública, pues se le consideró como negativo para el desarrollo de la industria del país.

durante la presidencia interina de Fernando Errázuriz, se celebro un contrato entre el Fisco y la Sociedad, en virtud del cual fue cedido a esta por el término de diez años el monopolio, comprometiéndose los concesionarios a pagar en Londres la cantidad de 355.250 pesos anuales por intereses y amortización del empréstito, y la cantidad de 5.000 pesos por año a la caja de descuentos de Santiago.

El estanco fue un total fracaso, el contrabando anuló toda posibilidad de que rindiera frutos y ni siquiera se pudo pagar el primer dividendo del pago del empréstito. Portales se ganó la enemistad de muchos, pero también empezó a hacerse de relaciones económicas y políticas cada vez mas fuertes.

El Congreso Nacional, para revertir la situación, dictó una ley el 2 de octubre de 1826, dando el derecho del estanco al Fisco mediante la creación de una factoría general, y mandando verificar en el término de tres meses un juicio de compromiso con la firma para liquidar el negocio.

Del resultado del juicio, del que Portales salió victorioso, daba al Estado en la obligación de pagar mas de 87.000 pesos a Portales, Cea y Cía., por razon de administración, comisiones y pérdidas, saldo que la Sociedad decido no cobrar al Gobierno.

Además, el estanco dejo otro resultado que afectaba la arena política. Portales, que se puso en campaña para defenderse de las acusaciones, y su círculo, fueron bautizados con el apodo de los Estanqueros, que además poseían un periódico, el “Hambriento“ , papel público sin periodo, sin literatura, impolítico, pero provechoso y chusco, como se autodefinía en sus páginas. Pero Portales no se dedicaba a escribir en este diario, lo que hacía era conspirar para terminar con el gobierno liberal, que según las ideas de Portales estaban llevando al país al desastre, por lo que sería uno de los impulsores de la guerra civil de 1829.

Se ha querido ver también en Portales al fundador de la institucionalidad chilena, lo que es discutible: Portales no confió el bien del país a la ley o a instituciones abstractas, sino que al presidente que podía y debía transgredir la constitución y las leyes, si así lo ameritaba el bien del país: “con ley o sin ella, a la señora que llaman Constitución, hay que violarla cuando las circunstancias son extremas y qué importa que lo sea, cuando en un año la parvulita lo ha sido tantas por su perfecta inutilidad!”

En 1825 fue miembro del Consejo Consultivo formado por Ramón Freire. Tal vez, el fruto más importante de este aprendizaje fue el conocimiento que alcanzó de la realidad del país en aquellos difíciles años de la Organización nacional, el que aplicó con posterioridad, cuando asumió como ministro de Estado.

En 1829 estalló la guerra civil entre grupos pipiolos y pelucones , apoyando el grupo de Portales a estos últimos, que estaban encabezados por el general José Joaquín Prieto, que se rebeló desde Concepción con sus tropas contra el gobierno.

Cuando todavía se estaba en guerra civil, el recién asumido presidente José Tomás Ovalle necesitaba un hombre para hacerse cargo del gobierno, responsabilidad que nadie quería aceptar, excepto Diego Portales, que juró el 6 de abril de 1830 su primer ministerio, en calidad de ministro de Relaciones Exteriores, de lo Interior y de Guerra y Marina. Once días después se libró la batalla de Lircay que dio el triunfo a la revolución.

El primer nombramiento ministerial de Portales se produjo en 1830, cuando el Presidente José Tomás Ovalle le asignó las carteras de Interior y Guerra; sin embargo, sería tras la victoria conservadora en Lircay cuando empezaría a destacarse y convertirse en el verdadero eje y motor del poder. Manteniendo su cargo, impuso a los contrarios todo el peso de la ley y organizó la administración del Estado con un hondo sentido de rigurosidad. Asimismo, creó la Guardia Cívica - que sirvió de contrapeso al poder militar del Ejército-, controló la prensa opositora, y dio de baja a varios jefes militares, muchos de ellos destacados hombres que habían actuado en la época de la independencia, por su participación en actividades políticas.

Esto también provocó una escisión en el grupo pelucón. Manuel Rengifo quien se destacaba como un eficiente ministro de Hacienda lideró una facción que se oponía a la tutela que Portales ejercía sobre el Presidente Prieto. El gabinete se dividió: por un lado estaba Tocornal el hombre de Portales y por el otro, Rengifo.

En diciembre de 1832 aceptó el cargo de gobernador de Valparaíso, aunque por pocos meses destacándose en la creación de una numerosa milicia cívica en la ciudad y sus famosas cárceles ambulantes, para castigar a los delincuentes.

Durante su ausencia en el gobierno se redacto la constitución de 1833, que consagró en la ley el autoritarismo presidencial, e instauró en la practica una dictadura legal, en donde el presidente era el gran elector, que designaba diputados, senadores, jueces, intendentes, etc. No hay que decir que Portales no se intereso en la redacción del texto, pues él era muy escéptico sobre la verdadera utilidad de ellas: “No me tomaré la pensión de observar el proyecto de reforma. Ud. sabe que ninguna obra de esta clase es absolutamente buena ni mala; pero ni la mejor ni ninguna servirá para nada cuando está descompuesto el resorte principal de la máquina”.

En su actuación política, se podrá ver que el gran valor de Portales es haber reinstaurado en Chile el principio de autoridad, que era lo natural en Chile, “el peso de la noche” según sus palabras, pero olvidado por los últimos siete años desde la caída de O’Higgins. Su actuar fue muy personalista, avasallando incluso al presidente de la república, pero su meta de un “Gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes” daría estabilidad y crecimiento a Chile, hasta los últimos lustros del siglo XIX, cuando una guerra civil terminaría con la autoridad del presidente e instauraría el pseudo-parlamentarismo. Este último experimento político, la panacea de todos los males, seria un total fracaso, reinstaurándose en 1925 la autoridad perdida de los mandatarios, aunque sujetos a la dictadura de la ley, y no a la dictadura legal, que fue el modelo empleado por el estadista.

Portales devolvió a la iglesia todos los bienes eclesiásticos que perdieron durante los años de incertidumbre (1823-1829) por los gobiernos liberales, y se le restableció el diezmo. Pero esto lo hacía no porque fuera un gran creyente (“Es que usted, don Mariano (Egaña), cree en Dios, y yo creo en los curas”) sino que porque lo consideraba uno de los pilares fundamentales en que debía basarse el gobierno, pues la iglesia era la institución más vieja y sólida que había existido en Chile. Pero todo esto siempre con la condición de que la iglesia estuviese subordinada al gobierno, por medio del patronato.

Combatió la delincuencia y el bandolerismo creando policías, realizando batidas a los salteadores y una directa vigilancia a los jueces que encargaros de castigar los delitos. Una de sus ideas que no prosperó, fue de dar castigo a los delincuentes en celdas ambulantes, para darles escarmiento público.

Cuando consideró cumplida su labor de restablecer el orden, renunció a su puesto en julio de 1830. Ovalle y Prieto, lo evitaron , pero la volvió a presentar a mediados de 1831, abandonando ahora sí el gobierno.

Portales, que deseaba la hegemonía de Chile en el Pacífico, vio con preocupación la creación de la confederación Perú-Boliviana, encumbrada bajo el mando de Andrés de Santa Cruz. La decisión del ministro de declarar la Guerra a la confederación tenia muchos enemigos, ni el mismo presidente estaba convencido de aquello. Para el ministro en cambio era razón de supervivencia de Chile, y cuando Ramón Freire, caudillo liberal exiliado, intento realizar una expedición contra el gobierno, Portales vio la mano de Santa Cruz que deseaba destruirle su obra, y una excusa para desatar los acontecimientos.

Se envió a parte de la escuadra al mando de Victorino Garrido, el 13 de agosto de 1836, para capturar los seis buques de que constaban la escuadra peruana, en una acción destinada a que Santa Cruz declarase la guerra a Chile.

Pero el protector no quería la guerra, antes era necesario afianzar su creación política, aunque no sentiría remordimientos si el gobierno chileno se hubiese derrumbado con su ayuda subterránea. Por estos motivos, Santa Cruz aceptó todas las condiciones propuestas por Garrido, estas consistían en que no se hostilizarían las naves y que si Freire y sus compañeros regresaban al Perú, se les juzgaría como rebeldes.

Portales no quedó satisfecho, su objetivo era que el protector iniciase la guerra, por lo que ideo una nueva táctica enviando a Mariano Egaña con un paquete de peticiones a exigir a Santa Cruz, que significaría que Perú y Bolivia quedasen como estados separados.

Ante la natural negativa del protector, el congreso chileno declaró la guerra el 28 de septiembre, e invistió al ejecutivo con la totalidad de los poderes del estado.

Las facultades extraordinarias entregadas por el congreso, las usó para castigar los delitos de traición y sedición al conocimiento de los tribunales ordinarios y someterlos al de un tribunal especial, el Consejo de Guerra Permanente con sede en la capital de cada provincia, compuesto por el juez de letras de ella y otros dos miembros designados por el Presidente de la República. Dijo el ministro: “La necesidad que hay de remover las causas que favorecen la impunidad de los delitos políticos, los más perniciosos para las sociedades y que consisten en los trámites lentos y viciosos a que tienen que ceñirse los tribunales ordinarios”.

Dos meses después de la instauraron de los tribunales sucedió algo que conmovió a la sociedad. En Curicó fueron condenados a muerte por conspiración y ejecutados, el 7 de abril, tres conocidos vecinos de la ciudad. Portales había tenido noticia del proceso porque antes de dictarse sentencia el intendente Antonio José de Irisarri se había anticipado a pedir al gobierno el indulto de uno de los acusados para el caso de que fuera condenado a muerte. A lo que Portales respondió con una rotunda negativa fundada en el estricto respeto a la legalidad de las actuaciones del gobierno: “Este modo de proceder inusitado e informal sería muy poco honroso a un gobierno que desea conservar una escrupulosa regularidad en todos sus actos”.

Otra frase famosa de su falta de indulgencia quedo gravada para la posteridad: “Si mi padre conspirara, a mi padre fusilaría”.

El ambiente alrededor del ministro se enrareció, sus medidas extremas le granjearon la animadversión de muchos de los soldados, que no entendían las razones de la guerra, y creían que era sólo para depurar al ejército de los liberales que aun había en el.

En el mismo mes de los fusilamientos se había acantonado en Quillota el batallón Maipú, al mando del coronel José Antonio Vidaurre. Portales había confiado en las capacidades de este militar, y le entregó toda su confianza, pero desafortunadamente para él, Vidaurre no era un precisamente un modelo de lealtad. Entro en contacto con los conspiradores contra el gobierno, decidiéndose a dar un golpe en Valparaíso, apoderarse de la escuadra, y si no se le plegase el resto del ejército, huir con las naves al Perú.

Vidaurre decidió colocarle una trampa al ministro, ante el temor que hubiera descubierto su conspiración. Si fracasaba en su plan sabía que el único en el país que se atrevería a fusilar a un coronel era Portales. El día 27 de mayo escriba el ministro a Tocornal: “Me llaman a Quillota".

El 2 de junio llegaba el ministro al lugar, yendo a saludarlo de inmediato el coronel Vidaurre. Al día siguiente empezó a pasar una revista general. El coronel mandó en ese momento a que parte de su regimiento (que no estaba siendo revisado), se dirigiese al flanco izquierdo, formando un cuadro en el que encerraron a Portales y su comitiva. El capitán Narciso Carvallo le dijo con gran arrogancia: “Dése usted preso, señor ministro, pues así conviene a los intereses de la república”.

Portales y su acompañante Nocochea fueron encerrados en el calabozo, exclamando con tristeza el primero: "¡desgraciado país! Hoy se ha perdido cuanto se ha trabajado por su mejoramiento". El día 4 de junio firmaron los conspiradores una acta, en la que decidían “suspender por ahora la campaña al Perú, a la que elementos ciegos de la voluntad un hombre, que no ha consultado otros intereses que los que halagan sus fines particulares y su ambición sin limites”.

La noticia del motín llegó a la capital el mismo día que se firmaba el acta, despachandos inmediato el gobierno a los cívicos y soldados, mientras en Valparaíso Manuel Blanco Encalada preparaba la defensa de esa ciudad.

Alarmado porque la revolución no se propagaba, intentó como último recurso obligar a Portales una carta a Blanco Encalada para que rindiera la plaza. “Si no la escribe, se le darán cuatro tiros. Tiempo que debíamos haberlo fusilado”, a lo que contesto el ministro: “En nada estimo mi nada mi vida, sólo he anhelado el bien del país. He sacrificado mi fortuna y mi reposo en aras de la nación. Como hombre, he podido equivocarme; pero nunca he hecho nada que pueda perjudicarlo o denigrarlo" . En vista de las pocas opciones que tenía, acepto escribir, pidiendo la capitulación de la plaza, pero con una salvedad: “me han asegurado todos que este movimiento tiene ramificaciones en provincias... No haya guerra intestina, capitúlese, sacando ventajas para la patria...”.

Blanco rechazó terminantemente la petición de la carta. El día 5, cuando Vidaurre les leyó la respuesta de Blanco a sus compañeros, se decidió la suerte de Portales, ya que su vida ya no era de utilidad.

El Maipú se dirigió a las posiciones del Barón, el día 6. En medio de la batalla que se desarrollaba con las fuerzas leales, un oficial llego hasta el coronel Florín y le habló en voz baja. Seguidamente el coronel reunió a un grupo de 8 soldados y hizo detener el carro en que llevaban al ministro que se encontraba preso junto a su amigo Necochea, diciéndole este: “Don Diego, nos fusilan...”

Florín espero al mensajero de Vidaurre, que debía traer la confirmación del destino de Portales. Cuando esta llego, se dirigió al carruaje y dijo: “Que baje el ministro”. Ordenó hacer fuego contra el ministro, pero los soldados dudaron y no se atrevían a hacer el primer disparo. Por fin se decidió un soldado y le colocó el fusil frente a la mejilla izquierda. Portales hizo el ademán de desviar o coger el fusil, disparando el soldado y llevándose consigo su dedo pulgar y atravesándole la mandíbula. Otro segundo balazo le fue disparado por la espalda, cuando Florín ordeno rematarlo a bayetonzazos. Eran la tres y media de la madrugada del día 6 de junio de 1836, el ministro Diego Portales acababa de sucumbir.

Pero su obra sobrevivió al hombre, siendo derrotados los sublevados y conduciéndose triunfante la guerra contra la confederación. Dejó consolidado el principio de autoridad en Chile y asentó las bases para el crecimiento de Chile durante el siglo XIX, llegando a ser una de las primeras naciones de Sudamérica.

En 1837 se encargó al coronel Antonio Vidaurre la preparación de las tropas. Este oficial, según muchas sospechas, tramaba desde hacía tiempo un complot influido por Santa Cruz.
Lo concreto es que el 2 de junio de ese año, Portales salió de Valparaíso rumbo a Quillota para revistar las fuerzas. Al día siguiente fue detenido y Vidaurre ordenó su traslado junto a las tropas, hacia el puerto, en el entendido de que el Batallón Valdivia, comandado por Juan Vidaurre, se sumaría al movimiento. Sin embargo, ello no ocurrió y esa fuerza, en conjunto con las guardias cívicas de Valparaíso - que el mismo Portales había formado cuando fue intendente de la ciudad- le cortaron el paso en el cerro Barón, donde los amotinados fueron derrotados (6 de junio).
El ministro era custodiado por un piquete que estaba al mando del capitán Santiago Florín, quien conociendo la noticia de la derrota ordenó el fusilamiento de Portales.
Tras ser sometido a una descarga de fusilería, además, fue rematado con bayonetas.

Ministro de Guerra y Marina, 1837
Autor : Camilo Domeniconi
Óleo perteneció al Ministerio del Interior hasta que desapareció durante el Golpe de Estado de 1973

Ministro de Guerra y Marina, ca. 1865
Autor : Manuel Tapia
Óleo del Museo Histórico Nacional, desaparecido en el Palacio de La Moneda durante el Golpe de Estado de 1973

Diego Portales expone ante los notables en 1836, la situación de Chile ante la Confederación Perú-Boliviana
Autor : Pedro León Carmona
Óleo perteneciente al Palacio de la Moneda, desaparecido para el Golpe de Estado de 1973

Diego Portales, ca. 1837
Autor : Camilo Domeniconi
Óleo original pertenece al Museo Histórico Nacional Actualmente se encuentra en Palacio de La Moneda

Fusilamiento de Portales, 1837
Acuarelas anónimas Originales se encuentran en el Museo Histórico Nacional y Palacio de la Moneda respectivamente

Fuentes :
http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Portales
http://icarito.latercera.cl/biografias/1810-1830/bios/portales.htm http://www.memoriachilena.cl/mchilena01/temas/index.asp?id_ut=diegoportalespalazuelos(1793-1837) http://icarito.latercera.cl/enc_virtual/historia/republica/repu2.html http://www.chilepedia.cl/cp/Wiki.jsp?page=DiegoPortales http://www.auroradechile.cl/newtenberg/681/article-2780.html